martes, 11 de noviembre de 2014

BERLIN, EL MURO Y OTRA DISQUISICIONES. A 25 AÑOS DE SU CAÍDA

A 25 años de la celebración de la caída del Muro de Berlín
BERLIN, EL MURO Y OTRAS DISQUISICIONES


¿Qué estaba haciendo Ángela Merkel el día que cayó el muro de Berlín? La respuesta la dio con añoranza la misma canciller: “Salía del sauna, cuando vi que una multitud se iba para la zona oriental; me uní a ellos y acabé celebrando al otro lado con unos desconocidos.” Y resume su odisea con una afirmación: “Fue un milagro que todo ocurriera pacíficamente.” 25 años después, la prensa mundial recuerda y celebra la caída del muro que dividía Alemania en dos: la RFA, y la RDA; occidental y capitalista uno, y oriental y socialista el otro. Y un medio de comunicación, en medio de tanta batahola, lanzó la pregunta: ¿Qué estaba haciendo usted cuando cayó el muro de Berlín? Escriba ese momento...y compártalo. Y no me resisto a llevarlo a cabo. ¿Qué estaba haciendo cuando el muro de la vergüenza, donde murieron más de 100 alemanes del lado socialista tratando de cruzar hacia el lado capitalista, cayó? Estaba en la universidad, absorto por los exámenes y presentación de trabajos; recién en la noche y al día siguiente me enteraría por los diarios del acontecimiento. Leía enfervorizado cómo la multitud cruzaba el muro de un lado al otro, sin restricciones, cómo se agolparon los ciudadanos de la Alemania socialista esa noche en la plaza esperando a que sus dirigentes se pronuncien. Esto se dio con el secretario general Egon krenz asomando al balcón ante los reclamos de la gente. “¿Qué quieren?”, preguntó. La respuesta vino de inmediata: “¡cambios! ¡cambios!” Egon Krenz solo atinó a decir: “¡Está bien, pero dennos tiempo, estamos cansados!”. Luego, todo el mundo porfiaba por ayudar a derribar el muro, fotografiarse, llevarse trozos. Como dijo la canciller alemana, fue un milagro que todo haya sucedido pacíficamente. Un milagro. La guerra fría entre el bloque capitalista y el bloque socialista, más específicamente, entre Estados Unidos y la Unión Soviética había dejado miles de muertos en distintos lugares del planeta. Con la ascensión al gobierno soviético de Gorbachov se inició una serie de reformas para aperturar la dictadura comunista: la Glasnov y la Perestroika. Algunos meses atrás nuestro profesor de Análisis del proceso histórico social general había afirmado: “A ustedes lo están engañando, la Perestroika no es un regreso al capitalismo, es un proceso para avanzar hacia el comunismo”, pero sus palabras cayeron en saco roto con la caída del muro y el descalabro de la Europa socialista. Sí, fue un acontecimiento, histórico, tremendamente histórico; algo que según algunos teóricos, el ser humano no alcanza a ver con frecuencia, “solo pocos acontecimientos alcanza a ver en su vida el hombre”. Pero ese hecho no sería el único, faltaría otro acontecimiento que se daría también luego de la caída del muro: la presencia de Gorbachov en la pantalla de televisión llamando a la población rusa a que abandonen las ideas comunistas y que adopten las ideas social-demócratas. Esa fue la gota que derramó el vaso. La disputa del mundo por los dos bloques acababa; la guerra fría pasaba a ser un hecho del pasado.        
¿Qué significado tiene eso ahora? ¿Por qué todo el mundo lo celebra? –bueno, casi todo el mundo-. Quizás porque se acabó una etapa de represión de una sociedad, de división de un país, de aislamiento. Ahora Alemania está unida y no olvida. Aprendió de su pasado.
Pero así como el mundo recuerda este hecho tremendamente significativo, sería bueno también que nosotros celebremos algunos momentos históricos que hemos tenido en nuestra trágica historia, como un modo de ahuyentar los miedos y no volver a equivocarnos. Por ejemplo, algunas preguntas serían: ¿qué estaba haciendo usted cuando el corrupto Fujimori disolvió el parlamento?, ¿o qué estaba haciendo usted cuando Alan García se libró de ser llevado a prisión por los militares de Fujimori escondido en un tanque de agua para después viajar a París y disfrutar del dinero que había hurtado? ¿o qué estaba haciendo usted cuando capturaron al sanguinario líder de sendero luminoso en una casa de una bailarina, rodeado de mujeres que le servía de escudo? ¿o que estaba haciendo usted cuando se llevó a cabo la Marcha de los Cuatro Suyos que debilitaría la dictadura cívico militar de Fujimori y Montesinos?,  ¿o qué estaba haciendo usted cuando el mafioso Fujimori anunció en televisión que renunciaba y convocaba a elecciones generales para luego huir llevándose maletas con videos y dinero a Japón? ¿Qué estaba haciendo…? ¿Qué estaba haciendo…? Caray, ya parezco profesor de academia preuniversitaria; aunque, si bien se ve, valdría la pena  incorporar estas preguntas para los estudiantes que van a postular su ingreso a una universidad estatal; estatal, digo, porque de las particulares, de las privadas, allí se ingresa así nomás…sin preguntas.
Necesitamos recuperar la memoria.

Lima, 11 de noviembre de 2014


Jack flores

sábado, 1 de noviembre de 2014

MESSI NO ES MARADONA





MESSI NO ES MARADONA


Messi no es Maradona. Recién lo hemos descubierto. No es un líder. Mucho menos un salvador. Messi es solo el mejor jugador del mundo, nada más. Y esta opinión es la que va tomando fuerza luego de terminado el mundial de Brasil 2014. En el norte o en el sur, en el este y en el oeste, en cualquier parte del planeta, la idea se va repitiendo; solo que otros lo dicen de otro modo: “Es solo un buen jugador.” “Está lejos de ser un genio.” “Solo juega bien en su club.” Y las opiniones se van sumando hasta alcanzar cierto grado de semejanza. Entonces llegamos a esa conclusión: Messi no es Maradona.

¿Pero quién es el que quiso que sea como Maradona? No, no fueron solo los argentinos. Tampoco los españoles. Mucho menos los ingleses. Es todo el mundo. Hasta los brasileños. Tanto compararlo con Neymar terminaron aceptando que Messi es mejor –los dos juegan en el mismo club-. Y entonces ya no hubo defensa que se le opusiera. Messi es un gran jugador. Driblea a uno, pasa con facilidad por el costado de otro, hace goles extraordinarios y festeja, cual niño travieso. Pero… ¿es igual que Maradona? Ahí la disputa se hace muy fuerte. Algunos dicen que sí, es mejor. A una edad temprana Messi ha hecho cosas que al ex jugador argentino le había costado más tiempo lograr –salvo ganar un título con su selección-. Ganó premios, campeonatos, realizó goles increíbles y hasta se dio el lujo de repetir el mejor gol del mundial del Pelusa, ¡como si fuese algo normal! Entonces todo el mundo estuvo de acuerdo: Messi es igual que Maradona.

La idea se fue consolidando. “Da miedo pensar lo que puede lograr Messi”, dijo un entrenador europeo al enfrentarlo. Claro, era tan joven y podía batir todos los récords. “¡Qué podemos hacer, si Messi juega futbol de play station!”, se lamentó otro entrenador cuyo equipo perdió frente al Barcelona de Messi en la Champions League.  Y así las opiniones se fueron sumando. Entonces la conclusión fue rotunda: Messi es mejor que Maradona. No había que pensar más.

Pero la contraparte vino después, cuando se vio que al jugador argentino no le iba bien con su selección. “A Messi le falta ganar un mundial para ser mejor que Maradona”, opinó un ex jugador. “Si Messi quiere ser el mejor del mundo tiene que superar lo que hizo Maradona”, dijo otro ex jugador. “Cuando Messi haya marcado 1.283 goles y ganado tres mundiales, hablamos”, afirmó el rey Pelé, entrando en la discusión. Y toda la opinión mundial estuvo de acuerdo: Messi tiene que ganar un mundial…si quiere ser mejor que Maradona.

Pero una voz se hizo escuchar, con estridencia: “¡Messi jamás será como Maradona! ¿Usted sabe todo lo que él tuvo que superar?”, era uno de los compañeros del Diego, que compartió momentos con él en la selección. Y aquí está el quid del asunto: Messi no tiene que superar nada, no tiene que luchar contra nada –salvo contra una muchedumbre de periodistas que lo acosan y quieren que sea lo que él no es-. No tiene que preocuparse de nada –solo jugar y reírse-. Mucho menos le importa ser un líder de opinión…o de equipo. Tampoco le gusta alardear ni llevar una vida desenfrenada. No, nada de eso. “Yo soy feliz jugando y compitiendo –dijo en un entrevista-. Mientras eso pase, lo demás llegará solo.” Y es verdad, pero nadie lo toma en cuenta. “Miro mis videos de pequeño y me veo corriendo…igual que ahora, me divierto.” Pero insistimos con el error… hasta convencerlo.  El entrenador de la selección argentina se lo hizo saber: “Messi, guía al equipo”, y diseñó a la selección para depender de él –algo que felizmente se rompió en los últimos partidos del mundial-. Pero no nos engañemos, Messi no es Maradona, no lo quiere ser ni lo será…aunque gane un mundial. Bien lo dijo el entrenador Mourinho que lo enfrentó tantas veces y hasta le tuvo ojeriza cuando dirigía al Real Madrid, archirrival del Barcelona, en España: “Messi no necesita ganar un mundial para ser grande; ya lo es.” Y, ¡oh!, la discusión empezó de nuevo. ¿Es mejor o no es mejor? No está dicha la última palabra.

 


Jack flores
Escritor peruano


Lima, 15 de julio de 2014