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Guerra de intereses en el Medio Oriente
DE LA PRIMAVERA ÁRABE AL INVIERNO SIRIO
La Primavera árabe que tuvo enorme éxito en libia y Egipto no ha
tenido en Siria el resultado que se preveía de inmediato. Después de apoyar a
las poblaciones que se alzaron en armas contra los regímenes totalitarios de
Gadafi y Hosni Mubarak, los países de occidente no han visto materializarse
similar resultado en Siria. La OTAN, que jugó un papel decisivo en Libia, no ha
podido tampoco cumplir el nuevo rol que se le había asignado –su antiguo rol,
de proteger a ciertos países de Europa contra la amenaza comunista rusa, se había
cumplido con la caída de la Unión Soviética-, y las dudas y temores de los países
de la coalición liderada por Estados Unidos de embarcarse de lleno en la guerra
han terminado con la intervención de nuevos actores en el territorio sirio,
como los fundamentalistas islámicos, Turquía, Irán y, ahora, Rusia.
No terminamos de sorprendernos de la tragedia de la población civil siria
huyendo de la guerra, buscando la salvación más allá de sus fronteras, encontrando
algunas veces la muerte al cruzar el mar en frágiles embarcaciones o topándose con
el rechazo de algunos países europeos que les cierran sus fronteras –en Suiza
se sigue discutiendo si deben acogerles o no-. Es, a nuestros ojos, la peor
tragedia humanitaria de un país en pleno siglo XXI, la peor catástrofe; la añorada
primavera árabe se convirtió en un invierno en Siria, en un infierno –ya lleva más
de 220, 000 muertos-; el país, con la intervención rusa, va camino a la división
y a un mayor encarnizamiento de la guerra. ¿Qué esperanzas hay de que el
conflicto termine en dicho país? Tal como van las cosas, se va a la partición del
Estado Sirio, a la probable desaparición; es decir, Siria pasaría a ser la
Polonia del siglo pasado, tantas veces desaparecida por la codicia de sus
vecinos europeos. ¿Cómo se ha permitido que esto suceda? Tal parece que la inacción
y la limitada respuesta de la coalición y su persistente negativa a enviar
tropas terrestres han contribuido a la agudización del conflicto. Rusia e Irán
han intervenido para apoyar al desfalleciente y criminal régimen de Bashar al
Asad; uno con aviones, el otro con tropas, dispuesto a no permitir que la
balanza de intereses se incline al lado occidental o, peor aún, al lado
fundamentalista islámico. Repito, no sabemos cómo terminará. Si la intervención
rusa, con Putin a la cabeza, decidido a desempeñar un rol gravitante, resuelve
el problema o lo agrava –aun no sabemos cuál será la respuesta norteamericana,
pero seguro que la habrá decidido a defender su punto de vista y su propuesta,
hasta ahora totalmente discutidas y desprestigiadas-. La época de la guerra
fría terminó, la era del mundo bipolar, con dos fuerzas enfrentándose directa e
indirectamente y que ocasionó miles de muertos y cruentos enfrentamientos en
distintos puntos del planeta ya es historia. A la euforia norteamericana al
resultar vencedora frente al desplome del régimen comunista ruso, ha seguido un
malestar, una desazón de su población al cuestionar sus intervenciones en el
exterior y discutirse sus “soluciones” –algunos, como el fenecido escritor mexicano
Carlos Fuentes pronosticaban el decaimiento de la era norteamericana-. Pero la
realidad es otra: vivimos en un mundo multipolar. Frente al predominio norteamericano
se alza la Rusia de Putin, rearmada hasta los dientes; China, que acapara el
mercado mundial; y otros, como los llamados BRICS, pero no son estos últimos los
que darán pelea a la hegemonía norteamericana, sino Rusia y China, y hasta Irán,
que pretenden formar el mercado de la zona asiática con descarte del dólar en
el intercambio comercial. La pesadilla de un conflicto mundial se mantiene
latente. Nuevos enfrentamientos por la hegemonía mundial se avizoran. Siria es
el primer escenario.
Jack flores vega
escritor peruano
Lima, 2 de octubre del 2015