El canciller
que no sabía ser canciller
No se han cumplido aún 100 días del gobierno del profesor Castillo y ya
vemos los problemas que presenta para conformar un gabinete sólido, firme, de
cara a los cruciales desafíos del país. Ante los cuestionamientos a sus
ministros por incapacidad moral y falta de experiencia, suceden las
discrepancias y renuncias, y la más sonada es esta: la de su canciller
estrella, la de su querido guerrillero (una especie de Fidel de los Andes, pero
sin Gramma y sin éxito), su marxista del ’65, con diplomas y títulos, pero sin
diplomacia. El hombre que tenía que dar la cara al exterior, enfrentar al
imperialismo, defender al régimen de izquierda termina desdibujándose y
paseándose por algunos programas para explicar lo que no llegó a explicar. “La
marina cometió actos de terrorismo”, dice. ¿Ameritaba la coyuntura hablar de
esto? Después se disculpa y dice que no ha querido insultar a la institución,
solo a unos hombres disfrazados con el uniforme de la marina. Y termina dando
vivas a Grau, a Cáceres, y otros héroes. De verdad, muy difícil creerle;
parecería que lo dice con esfuerzo. Y termina diciendo que no se presenta a
ciertos programas y canales de televisión porque los periodistas no son
periodistas. Otros, los que le parece, sí lo son. ¿No escuchó al presidente
hablar de unidad? No, nada, no escuchó nada, y a estas alturas no le importa.
Mírenlo en su renuncia; apenas realizada esta escribe: “¡Vuelvo a ser libre!”
¿libre de qué?, ¿de responsabilidades?, ¿de servir a una institución, a un
gobierno que está a su nivel? Tal vez se sienta mejor en la oposición, en la
confrontación, su trinchera ideal. En fin, dejémoslo ahí. Lo cierto es que con
su posición le hizo un flaco favor a los que quieren derribar al gobierno
izquierdista del profesor, de Cerrón y compañía; le hizo un favor a aquellos
que buscan el fracaso; lo hizo y se puso del lado de la derecha extrema. Bien
hizo el primer ministro en pedirle la renuncia, y bien hizo el presidente en
aceptarla de inmediato. Noo, al canciller le faltó diplomacia, le faltó tino,
le faltó formación: “Estoy convencido que sendero luminoso fue creación de la inteligencia
norteamericana, pero no puedo demostrarlo”. ¿? ¿Lo ven? Sigue afirmando algo de
lo cual no tiene pruebas. En fin, parece que el puesto le quedó grande al
excanciller; tal vez debieron darle otro puesto; uno de conflictos sociales, de
lucha gremial o de turismo didáctico, hablando de historia, etc, etc, etc.
Olvidémonos de este asunto, y continuemos. Aunque algunos, como Cerrón, -¡otra
vez!- piensan lo contrario: “con la renuncia del canciller será difícil de encontrar uno de su talla
para nuestro país; nunca lo tuvimos, nunca lo tendremos", escribió. Es verdad, nunca lo tuvimos, nunca lo
tendremos, todo fue una mentira, todo fue un bluff. Y si este gobierno sigue
así, será recordado como la izquierda fantasma que nunca existió, que pasó al
olvido… de los incapaces.
Lima, 20 de agosto de 2021
Jack flores
Escritor peruano
